sábado, 10 de noviembre de 2012

VOLUMEN 1º. Relatos de mi infancia - El Cedro

EL CEDRO

Barranco del cedro,
 oh, húmedo enclave Gomero
 en el paraíso del Garajonay,
donde mis antepasados paternos,
 vivieron, amaron y murieron.

Pequeño barrio de Hermigua
 que es deleite para el que camina en sus senderos
 barranco por el que baja un agua cristalina,
 que con su constancia se convierte en riachuelo
 y en lo alto del Garajonay esta su nacimiento.

Paraíso es de la laurisilva,
 que perfuma y purifica el aire Gomero
 y que atrayendo a la nubosidad,
 les roba el agua que necesita ,
 por el sistema de lluvia horizontal.

En la espesura del monte,
 el oxigeno están puro,
 que el caminante revive con su respirar.

Los ases de luz solar,
que tímidos traspasan las alta copas,
 para reflejar la hermosura,
 del verde bajo matorral,
 que dormita extasiado escuchando,
 las hojas al caer, las aves con su cantar
 y el agua que baja clara acariciando,
 los berros y berrazas al pasar.

Barranco del Cedro
 que desde niño siempre llevo en mis recuerdos,
 aquella ermita, donde los fieles de la isla
 adoran la imagen de la Virgen Madre,
 que en Lourdes fue aparecida.

Oh, cuan mágico es su silencio musical, 
que tanto deleita a los amantes de lo natural,
 incluyo sus habitantes con esa mística
 y pausada manera de hablar.

Sus casas esparcidas a ambos lados del cause,
 las recuerdo en cada Navidad 
y en verano sus patios floridos,
 con helechos colgantes
 oh, el agua fresca del bernegal.

Oh, sus olores a pan casero, 
del gofio recién molido

oh, del queso ahumado,
 con leña de brezo en cocina de hogar
 con techo de paja de centeno sin trillar.

Barranco del Cedro,
 oh, cuantos mágicos recuerdos
 tengo de este paraje natural
 que hoy mi mente adulta evoca,
desde mi infantil manera de observar.

Autor: Manuel Jesús Rodríguez Medina

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